De madre a torturadora: el caso de Ilse Koch

Puntua nuestro Post
[Total:2    Promedio:5/5]
Ilse Koch. Imagen: Wikipedia

Muchas son las terribles historias que nos han llegado desde los campos de concentración nazis, pero una desconocida y a la que debemos hacer mención es la protagonizada por Ilse Koch. Ojalá no se vuelva a repetir.

A principios del siglo XX nació esta mujer, que comenzó llevando una vida normal, con su trabajo y sus ideas (nacionalsocialistas). Nada hacía imaginar el monstruo que había en su interior.

Llegó a forjarse un buen futuro de secretaria dentro del mundo nazi a costa de acostarse con numerosos miembros de las SS, hasta que encontró a su marido ideal, con la bendición de Himmler además, en un coronel de campo: Karl Koch. El lugar elegido para su luna de miel y crianza de sus tres futuros hijos fue el campo de concentración de Buchenwald (Alemania).

Allí dio rienda suelta a su depravada mente, y comenzó a aplicar torturas medievales, creando nuevos métodos de castigo (como látigos con cuchillas de afeitar), y creando nuevos trofeos de caza y regalos para sus jefes también, como cabezas reducidas humanas o lámparas o cuadernos hechos con la piel que arrancaba a los presos. Su piel favorita era la que tenía tatuajes.

Esto se le quedaba pequeño, sorprendentemente. Y qué mejor regalo que un centro de recreo para ella y su disfrute, donde además de practicar el sexo con hombres y sus mujeres o quien se le antojara (sin preocupar el consentimiento claro está), podía seguir ideando cómo hacer el mayor daño posible y enseñar a sus amigas a aplicarlo.

Ilse Koch en su juicio. Fuente de la imagen: Wikipedia

Finalmente fue condenada a cadena perpetua con trabajos forzosos, pero nunca se pudo demostrar los casi 500 crímenes que cometió. Realmente no existe una condena acorde a todas las vidas que destrozó.

Ilse Koch acabó suicidándose en su celda a los 67 años de edad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *