De Malinalli a Marina: la Conquista de América

De Malinalli a Marina: la Conquista de América
La ciudad de Tlaxcala. Palacio de Gobierno: Murales de Desiderio Hernández Xochitiotzin – Discusiones entre taxcaltecos y Hernán Cortés. Wikimedia Commons

 Parece imposible pensar que nunca nadie haya oído hablar de la Conquista de América por parte de los españoles, de Hernán Cortés… ¿Pero conocemos bien a Marina? De hecho, gracias a los historiadores y a la información que nos ha llegado hoy en día, sin ella no hubiese sido posible.

   Malinalli, que es así como se llamaba esta mujer, nació en lo que hoy podemos considerar como la actual Veracruz, dentro de una familia de clase alta, y algunas fuentes dicen que era “joven y hermosa”. Su padre murió y su madre se volvió a casar creando otra familia. Como al padrastro le resultaba incómoda su presencia, no tuvieron otra mejor idea que venderla como esclava.

   Esto, evidentemente, la trajo negativas consecuencias, aunque algo esperanzador: gracias a sus traficantes consiguió aprender una nueva lengua que sería el maya (ella hablaba náhuatl). Esto marcaría su futuro.

   Con la llegada de los españoles, fue regalada a Hernán Cortés y su séquito. Viendo su gran inteligencia y dominio de idiomas, junto a lo poco de maya que habría aprendido un español preso ya liberado, crearon un grupo de intérpretes. Malinalli, ya bautizada como Marina, aprendería castellano y se convertiría en la mano derecha de Hernán.

   Marina habló a los conquistadores de las costumbres locales, de su cultura, de qué debían hacer o decir. Jugó un papel verdaderamente importante, no sólo por las tareas diplomáticas y de mediadora, si no porque abrió paso a Hernán con alianzas políticas. De hecho, es muy común verla representada en obras de arte siempre al lado de Hernán, y lo que es más sorprendente, sola (con el gran reconocimiento y respeto que conlleva esto, claro).

   Marina fue amante de Hernán y tuvieron un hijo, Martín, al que se considera el primer mestizo. Pero Hernán tenía para ella otros planes, y le construyó una casa en Coyoacán y le casó con un hidalgo. Aún así, Marina era necesaria en la vida política, y fue llevada a Honduras para calmar rebeliones gracias a su trabajo de traductora.

   No se sabe muy bien ni cómo ni donde murió porque se le perdió la pista después de introducirse en América Central.

   Una gran mujer, que hoy divide a tres bandos: los que le consideran una traidora a su tierra y cultura, los que le consideran la víctima de todo lo ocurrido, y los que la consideran la madre de la novedosa cultura mestiza.

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