El asesinato de Julio César

El asesinato de Julio César
Vincenzo Camuccini: “Muerte de César” (1798). Wikimedia Commons

Cayo Julio César fue un militar y político, que tras vencer en la guerra civil de la República se proclamó Dictador de Roma.

La idea de César era establecer un régimen autocrático, quitando toda función al senado. Esta práctica no era habitual, ya que en la Antigua Roma los dictadores solo tenían total autoridad para hacer frente a una emergencia militar, o para emprender una tarea específica de carácter excepcional. Los dictadores estaban obligados a renunciar una vez cumplida la tarea que se le había encomendado, o con un máximo de seis meses de mandato. Esto se hacia para que la República Romana no peligrase.

Pero Julio César tenia otros planes… Quedarse en el poder por perpetuidad. Esta decisión le conllevaría su propia muerte.

Algunos senadores ya tramaban una conspiración para asesinar al dictador, entre ellos, Gayo Casio Longino. Gayo se reunió con algunos hombres de confianza y les dijo que había que pasar a la acción y matar a Julio César. De esta manera, Gayo creía que Roma seria salvada de ser un imperio cosmopolita, dirigido desde Alejandría.

A la cabeza y como cara visible, Marco Junio Bruto fue el elegido para preparar el asesinato (no olvidemos que Julio César quería a Bruto como a su propio hijo). Éste llegó a la conclusión de que la única manera de matar a Julio Cesar era en pleno senado. De este modo, el asesinato no parecería una encerrona, si no un acto heroico para salvar a la patria.

El plan fue aprobado por unos 60 senadores, los cuales aceptaron los planes de Bruto, y la fecha de tal acto seria el 15 de marzo del 44 a.C.

De estos senadores no todos iban a participar para salvar a la patria. Otros simplemente participarían por rencor, envidia y negocios, los cuales no serian fortuitos con el dictador vivo.

Llegado el día, Julio se adentró a la reunión con el senado. Nada más entrar, Tulio Cimber le entregó una petición para que la leyera y este mismo le tiró de la túnica con fuerza y desprecio. Julio no daba crédito a tal acto violento e injustificado, ya que éste era intocable.

Casca, otro senador, sacó de su túnica una daga, se aproximó con bravura a Julio y le realizó un corte en el cuello. Julio le contestó: “¿Qué haces , Casca, villano?”. Julio, que portaba una pluma, se la clavó a Casca en el brazo. Este se asustó tanto que pidió ayuda a los demás senadores. Estos 60 senadores se levantaron, y uno a uno apuñalaron y golpearon al dictador, incluido Marco Junio Bruto, quien era como su hijo.

En total, Julio César recibió más de 23 puñaladas e infinidad de golpes. 

Este acto de heroicidad para el Imperio sirvió para que ya no hubiese más dictadores. Después de otra guerra civil provocada por la muerte del dictador, su heredero Augusto e hijo adoptivo de Julio fue proclamado Primer Emperador Romano y consiguió tener el reinado más prolongado de la historia de Roma.

Un dictador que quiso más de lo que podía poseer y murió por ello.

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