El asesinato de la familia de zares rusos Romanov

Zares Romanov

Un brutal asesinato, la presencia vengativa de un terrible mago y un crimen oculto. Muchos años conforman el marco de esta terrible parte de la historia de Rusia que llevó al fin de la monarquía, y por supuesto a escribir una de las leyendas más extraordinarias del siglo XX. 

Los Romanov y Rasputín

El Zar Nicolás II estaba casado con la Zarina Alejandra Fiodorovna, y tenían cuatro hijas: Tatiana, Olga, María, Anastasia y un hijo, el príncipe Alekséi. Este último sufría de hemofilia por lo que era un niño muy delicado, el cual enfermaba constantemente. Para ese entonces el monje Rasputín era célebre en Rusia por su capacidad para curar enfermedades, así que fue llamado a la corte, pues, siendo Aleksei por línea directa el sucesor al trono, era una prioridad para la zarina el conservarle con buena salud. 

Por supuesto que Rasputín aprovechó la situación para dar ciertas órdenes a la zarina y empezar a manipular la política en el país ya que, en verdad, el niño mejoraba cuando se encontraba en su presencia.  Este cambio no cayó bien en la nobleza pues, ¿Cómo era posible que un monje ignorante gobernase a la zarina y a través de ella al zar Nicolás? Y tampoco en la clase obrera, que había sufrido la represión de sus derechos por parte del gobierno. Entonces comenzó a urdirse un plan: el asesinato de Rasputín. Conociendo la situación, Rasputín comunicó al Zar que le diese protección. De lo contrario, si a él lo mataban, en poco tiempo de los Romanov no quedaría nada

 La desaparición de los zares

Las tropas bolcheviques, dirigidas por Yákov Yurovski y Piotr Ermakov, entraron al palacio de los Romanov y secuestraron a Nicolás II y a su familia. 

Se dice que la familia real fue llevada a la casa Ipatiev, donde fueron separados de la comunicación con cualquiera que pudiese ayudarles desde el exterior. Después de muchas discusiones entre los líderes de la revolución, los Romanov fueron llevados al semisótano de la casa, hacia la media noche.

Yurovski le comunicó a la familia que el comité ejecutivo de los Urales había decidido ejecutarlos porque su familia seguía atacando a la Rusia soviética.  Apuntando primero al zar y luego a Aleksei, los ejecutores dispararon después de forma caótica.  Curiosamente, una vez se despejó el humo que produjeron las armas, los hijos de los Romanov aún estaban vivos, así que se dio la orden de rematarlos con las bayonetas.  

Esto fue ineficiente, y Yurovsky dio la orden de rematarlos con un disparo en la cabeza. Aunque en principio se consideraba cosa de magia, realmente la ropa de todos estaba llena de diamantes y joyas preciosas en su interior, por lo que las balas de la época e incluso las bayonetas no lograban atravesarlas del todo. 

Dicen que los cadáveres de los Romanov fueron llevados al bosque para quitarles la ropa y recoger las joyas que tenían entre ellas, y luego fueron arrojados a una fosa común y rociados con ácido para desfigurarlos. Dos días después fue anunciado en los periódicos: “El fin de los zares rusos”. 

Durante años se creyó que Aleksei y Anastasia habían huido, pues sus cadáveres no habían sido encontrados, pero en el 2007 se hallaron cerca de la tumba en el bosque donde el resto de los Romanov fueron depositados, dando fin a la esperanza de que los zares de Rusia hubiesen sobrevivido.

Un “monje” y una revolución que hicieron desaparecer a los últimos zares incompetentes de la época.

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