El Cid Campeador – Rodrigo Díaz de Vivar

Escultura del Cid Campeador en Burgos/ Wikimedia Commons

Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como el Cid, fue un guerrero muy valioso. Sus hazañas y sus principios le convirtieron en la leyenda que es ahora. La leyenda de “El cantar del mío Cid” se mezcla en muchas ocasiones con la realidad de sus hechos.

Todo comenzó en el pueblo de Vivar, en la gran ciudad de Burgos: en este pueblo nació Rodrigo. Su padre Diego Laínez de Vivar, perteneciente a la nobleza baja de castilla, murió siendo un niño Rodrigo.

Este acontecimiento hizo que su educación y crianza fuese a manos del rey Fernando I de León, quien le educó junto a su hijo Sancho.

Al ver su gran capacidad como guerrero, Fernando I le reclutó para que perteneciera a su ejército. Al morir Fernando I, sus hijos Sancho y Alfonso se enfrentaron por el poder del reino. El Cid evidentemente luchó por el lado de Sancho, los cuales se habían criado juntos.

Pasado el tiempo, y aunque el Cid ganó varias batallas a Alfonso, este se hizo con la victoria, derrotando a su hermano Sancho. Alfonso, al contrario de lo pensado, no castigó al Cid, ya que su valor como guerrero era incalculable.

Tras su matrimonio con Jimena, la sobrina de Alfonso, el Cid salió en una expedición militar sin el permiso real, lo que le costó su primer destierro.

Al ser desterrado, el Cid buscó donde poder servir, y encontró en Zaragoza su sitio. Empezó a servir al rey Al-Muqtadir, quien le valoró y confió a sus vasallos, y les puso a las órdenes del Cid.

Pasados unos años, el Cid consiguió reconciliarse con su rey, Alfonso. Pero esta situación no duró mucho. Alfonso ordenó al Cid encontrarse con Berenguer Ramon II, quien en ese momento sitiaba Valencia y donde el Cid debía de asistir a ayudarle, pero este decidió no acudir, así que Alfonso volvió a desterrarle por traición.

Rodrigo decidió quedarse en solitario, y tras vagar sin rumbo unos años, recopiló todo un ejército y se planteó conquistar Valencia y arrebatársela a los infieles. La batalla no duró mucho ya que el asedio comenzó en el año 1093 y su victoria sobre la ciudad fue en 1094.

Su muerte fue toda una leyenda, donde el Cid fallecía de un flechazo y montado en su caballo, ya muerto, conquistaba Valencia de los infieles.

Pero nada que ver con la realidad, donde el Cid fallecía en 1099 y por causas naturales en Valencia.

Sus restos estuvieron en varios sitios, pero finalmente desde 1921 permanecen en la Catedral de Burgos, descansando junto a su esposa Jimena.

Un hombre que siempre quedará en el recuerdo de este país al que perteneció, y donde su historia siempre será respetada, sea leyenda o no.

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