El Cid Campeador: Rodrigo Díaz de Vivar

El Cid Campeador / Rodrigo Díaz de Vivar

Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como “El Cid Campeador”, fue un guerrero valioso y prestigioso debido a su gran valor y destreza en batalla.

Sus hazañas le convirtieron en la leyenda que es ahora. La obra literaria de “El cantar del mío Cid” mezcla en muchas ocasiones el mito con la realidad de los hechos.

Todo comenzó en el pueblo de Vivar, en la gran ciudad de Burgos: en este pueblo nació Rodrigo. Su padre Diego Laínez de Vivar, perteneciente a la nobleza baja de castilla, murió siendo un niño Rodrigo.

Este acontecimiento hizo que su educación y crianza fuese a manos del rey Fernando I de León, quien le educó junto a su hijo Sancho.

Al ver su gran capacidad como guerrero, Fernando I le reclutó para que uniera a su ejército. Al morir Fernando I, sus hijos Sancho y Alfonso se enfrentaron por el poder del reino. El Cid evidentemente luchó por el lado de Sancho, ya que se habían criado juntos.

Pasado el tiempo, y aunque el Cid ganó varias batallas a Alfonso, este se hizo con la victoria, derrotando a su hermano Sancho. Alfonso, al contrario de lo pensado, no castigó al Cid, ya que su valor como guerrero era incalculable.

Tras su matrimonio con Jimena, la sobrina de Alfonso, el Cid salió en una expedición militar al enterarse del ataque musulmán a la fortaleza de Gormaz (Soria) sin el permiso real, lo que le costó su primer destierro.

Al ser desterrado, el Cid buscó donde poder ganarse la vida, y encontró en Zaragoza su sitio. Empezó a servir al rey Al-Muqtadir, quien le valoró y confió a sus vasallos, y les puso a las órdenes del Cid. Este acto le llevaría a la fama contraída como mercenario, ya que servía a musulmanes y cristianos.

Pasados unos años, el Cid consiguió reconciliarse con su rey Alfonso. Pero esta situación no duró mucho. Alfonso ordenó al Cid encontrarse con Berenguer Ramon II, quien en ese momento sitiaba Valencia y donde el Cid debía de asistir a ayudarle, pero este decidió no acudir. Alfonso volvió a desterrarle por traición.

Rodrigo decidió quedarse en solitario, y tras vagar sin rumbo unos años recopiló todo un ejército y se planteó conquistar Valencia y arrebatársela a los infieles. La batalla no duró mucho ya que el asedio comenzó en el año 1093 y su victoria sobre la ciudad fue en 1094.

Su muerte fue toda una leyenda, donde el Cid fallecía por una flecha perdida. Una vez muerto, sus hombres lo montaron en su caballo (Babieca) para que saliera a la batalla, ya que los musulmanes le tenían un pavor terrible, y alzando su espada (la Tizona) consiguió conquistar Valencia.

Pero la supuesta realidad dice que el Cid Campeador falleció el 10 de julio de 1099 por causas naturales en Valencia.

Una vez conquistó Valencia se autoproclamó “Príncipe Rodrigo el Campeador”.

Sus restos estuvieron en varios sitios, pero finalmente desde 1921 permanecen en la Catedral de Burgos descansando junto a su esposa Jimena.

Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, sigue cabalgando por el mundo. Siete ciudades homenajean a este caballero castellano: Nueva York, San Francisco, San Diego, Buenos Aires, Valencia, Burgos y Sevilla.

Un hombre que siempre quedará en el recuerdo de este país al que perteneció, y donde su historia siempre será respetada, sea leyenda o no.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *