El Dólar español

Real de a ocho de plata

En 1543, hubo una moneda española que conquistó el mundo: el Real de a ocho.

En el tiempo en el que España mantenía un Imperio “donde nunca se ponía el sol”, el Rey Carlos V impulsó el Real de a ocho y lo expandió por el mundo.

Esta moneda de plata, que provenía de las minas de las colonias del continente americano, en especial de México y Potosí, nació para poder comerciar en todo el mundo. Su alto contenido en plata y su gran calidad de ley, fueron algunas de las razones por las que triunfó.

Uno de los primeros en comercializar con esta moneda fue China, sobre todo para comercializar con sedas y té. China sólo aceptaba esta moneda, debido a que era de plata (y en China no tuvieron moneda de plata hasta 1899, que fue el Tael).

A través de Filipinas (en esa época colonia española), se introducía esta moneda para poder comercializar con el continente asiático, donde gracias al Galeón de Manila, los productos asiáticos podían llegar al continente americano y comercializarlos.

Otros de los grandes beneficiados de esta moneda y que acapararon grandes cantidades de plata gracias a ella, fueron los que comercializaban en la India.

También en el continente europeo fue importante. En las ciudades importantes de Italia, esta moneda se apoderó de las monedas locales, haciendo que Italia fuese la puerta de entrada de la divisa en el mundo islámico, Imperio otomano y el norte de África.

La verdad es que esta divisa internacional triunfó por la pureza de la plata con la que estaba hecha, y el respaldo que tenía el dueño de ella, el Imperio español.

Hasta EE.UU que nació como nación entrado el siglo XVIII, cayo en las redes del Real de a ocho y utilizó esta moneda durante sus primeros años, como Estado Independiente de Gran Bretaña.

De ahí el nombre del Dólar español.

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