El faraón y la sociedad en el Antiguo Egipto

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Trilla de trigo en el Antiguo Egipto (Wikimedia Commons)

A pesar de lo que pensamos de los faraones, de ese totalitarismo absoluto en el cual el pueblo estaba sometido, en realidad no es tan correcto como creemos.

Es verdad que el faraón era considerado un Dios en la tierra, y que podía ser el único en poseer varias esposas legítimas, las cuales tendrían la descendencia del mismo faraón. Pero a pesar de ser un Dios en la tierra, los propios egipcios tenían una serie de derechos, como la propiedad privada, la cual tenia garantías jurídicas y legales, (algo muy común en la sociedad egipcia). Además, por muy humilde que fuese una persona, existía la posibilidad de poder optar a un ascenso social, lo cual daba una pequeña esperanza a la gente que no disponía de tantos recursos para acercarse a las altas esferas.

Por supuesto, la sociedad egipcia estaba jerarquizada a la perfección. En el lugar más alto se encontraba el faraón, el cual había llegado hasta donde estaba por derecho divino. En los lugares intermedios estaban los altos funcionarios, sacerdotes y escribas, estos últimos expertos en la escritura y el saber. Por último y como en todas las épocas, se situaban las gentes del pueblo: campesinos, artesanos y demás trabajadores.

Es verdad que esta última categoría era la más pobre, pero la más importante, ya que eran el pilar de la economía de Egipto.

De los cargos que no hemos mencionado y que era de los más importantes, designados por el propio faraón, está el de visir. Éste era el encargado de dirigir la hacienda pública y de controlar los productos que salían de los campos de cultivo. Además, como si no fuera poco, también era el encargado de dirigir la Casa Real.

Las leyes en el Antiguo Egipto eran leyes escritas, sin penas de muerte ni violentos castigos desmedidos. En el caso de que el ciudadano no estuviese de acuerdo con su castigo, y aquí entra el papel de canciller, el ciudadano tenia derecho a apelar ante tal cargo público.

También existían otros “ministerios” como el de agricultura, o el trabajo de los escribas, quienes eran los encargados entre otras cosas de las cuestiones religiosas.

Una sociedad muy bien perpetuada que no tenia que envidiar a las de hoy en día, excepto por el totalitarismo de cierto Dios en la tierra.

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