El fin del reino visigodo: la caída vertiginosa del poder

Reino visigodo

Cuando el reino visigodo se hundió vertiginosamente ante la invasión islámica siendo uno de los más poderosos en la Península Ibérica española y la Galia narbonense, no sólo dejó con la boca abierta a quienes vivían en aquella época, sino que también dejó planteadas grandes preguntas a los futuros historiadores que hoy en día han podido ser resueltas a base de unir muchos clavos sueltos.

La consolidación del reino visigodo

Para entender la caída del reino visigodo primero debemos hablar de sus orígenes. El Imperio Romano cercano al siglo tercero entró en una crisis de decadencia tanto política, como militar y económica, que lo llevó a desaparecer en el año 476.

Debido a la presión ejercida por sus enemigos a quienes denominaban los bárbaros y que en su mayor parte pertenecían a los grupos germánicos, el reino visigodo realizó un pacto con Roma para eliminar de Hispania a aquellos invasores.

Asentándose en el sur de Francia fueron realizando guerras y desplazándose a la Península Ibérica abandonando sus dominios en el antiguo Reino de Tolosa. A través de los Concilios de Nicea, Calcedonia y Toledo lograron la unificación del reino, política y religiosamente bajo el catolicismo.

Éste, de hecho, fue un acto sorprendente, ya que los visigodos eran de entre todos los pueblos germánicos el más romanizado. En ese momento empezó un retroceso tanto en la explotación minera como en la actividad mercantil, pasando a ser el mundo rural su principal fuente de ingresos.

El principio del fin

Pasando su economía de lo comercial a la agricultura, se fortalecieron los clanes familiares más poderosos que luchaban entre sí por el poder absoluto, lo que produjo una política desigual dando paso a un feudalismo sin freno.

Coincidentemente, problemas producidos por causas naturales como las pestes y las malas cosechas, además de las hambrunas consecuentes, empezaron a mellar la simpatía por el Rey Ervigio, que entonces gobernaba sobre el reino visigodo.

Casi de inmediato se aumentaron los tributos, llegando incluso a acuñar monedas ligeras que apenas tenían un baño de oro para que el gobierno pudiese quedarse con la mayoría de lo recaudado. Las multas por cualquier tipo de actos fueron multiplicadas para aumentar los ingresos en Hacienda, pero aun así nada era suficiente para menguar la crisis que afectó incluso a la Iglesia, pero, en otro sentido.

La caída religiosa y económica: el fin del reino visigodo

El clero, a quien el reino visigodo había proporcionado un gran apoyo económico, entró en una crisis moral envileciendo sus principios, con un comportamiento tan abusivo y discordante que escandalizaba aún al más liberal de sus habitantes.

Ante tanta catástrofe, miseria y abuso, el ejército se dividió entre los clanes Witizanos y Rodriguistas, los cuales se enfrentaron con tal desenfreno que propiciaron una guerra civil que terminó con la traición de los Witizanos, los cuales facilitaron que los musulmanes invadieran Hispania, acabando de una vez por todas con el desorden y la pobreza generada por el reino visigodo, pero dando lugar a una invasión musulmana no deseada.

Siglos después el cristianismo recuperaría la tierra que sus antecesores no pudieron mantener.

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