Electra y Orestes: la venganza

Orestes y Electra

Agamenón, rey de reyes de la Antigua Grecia, había partido hacia la guerra contra Troya, dejando en tierra a su esposa Clitemnestra y a sus hijos Electra y Orestes.

Durante los años que duró la ardua guerra, en palacio las sospechas de que Agamenón había muerto o desaparecido cada vez eran más sonadas. Su mujer, Clitemnestra, la cual no era muy fan de su marido, y su amante Egisto, empezaron a sentir la libertad de hacerse con el trono y de poder estar juntos. Pero la majestuosa estrategia de los griegos con el plan del Caballo de Troya hizo que Agamenón volviese a sus dominios victorioso, algo que no gustó a la pareja.

Una noche mientras éste yacía con su esposa, Egisto atacó al rey, y tras un forcejeo la mujer de Agamenón lo apuñaló. Lo que no esperaban, ni sabían, es que ese plan no había sido perfecto, ya que la hija de ambos, Electra, había sido testigo de tal atrocidad contra su padre.

Egisto, al ver que podía haber más de un testigo sobre lo sucedido, debía de acabar con Orestes, el legítimo rey. Pero su hermana Electra se anticipó al traidor, y llevó a Orestes fuera de la ciudad, dejándolo a cargo de su más fiel sirviente.

Egisto enfureció con la “traición” de Electra, pero éste no podía hacer nada, ya que el silencio y la presencia de Electra legitimaba el trono del usurpador.

Tras varios años de mandato con mano de hierro por parte de su madre y del usurpador, Electra no olvidaba y soñaba con que su hermano volviera para vengar la muerte de Agamenón. Pero a Electra se le acababa el tiempo, ya que habían pasado muchos años y esta empezaba a ser prescindible para Egisto.

Pero la suerte para la princesa se hizo visible. Orestes había vuelto a su reino hecho un hombre y un guerrero para poder vengarse. Para que no le atacaran por el camino, hizo creer que ya estaba muerto y así pasar desapercibido. Para que este hecho fuera creíble, mandó a uno de sus hombres entregar sus cenizas a la reina, su madre.

Al entregar las cenizas, la esperanza de Electra se desvaneció, pero al contrario, su madre sintió que su victoria era completa y sin amenazas futuras. El engaño había funcionado.

Al bajar la guardia en palacio, Orestes consiguió colarse en los aposentos de Egisto, el cual dormía con Clitemnestra. Orestes lleno de rabia mató al usurpador, y su madre tendría que ver morir a su marido y cómo su propio hijo la mataba a ella misma.

Una venganza sangrienta llena de traiciones.

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