Historia y extraña muerte del dictador Josef Stalin

Stalin

Sucesor de Lenin, Stalin nació en 1878 un 18 de diciembre, y aunque su madre trabajaba en el servicio doméstico y su padre era zapatero, siempre aspiró a ganar un nombre en la historia de Rusia, y definitivamente lo logró.

Stalin: de estudiante destacado a cruel dictador

Josef Stalin era sorprendente, pues en realidad su desarrollo político comenzó durante la secundaria. Graduándose con honores y visto siempre como un líder, entró en el partido Bolchevique ascendiendo rápidamente gracias a su valentía, fuerza de discurso y una que otra actividad ilícita, convirtiéndose en el secretario general de este grupo político.

Cuando Lenin murió, Stalin tomó el control del partido, comandando con mano de hierro, pero delegando funciones particularmente en el área militar. Comenzaban entonces la primera y segunda guerras mundiales y Stalin participó en muchos encuentros con Aliados, logrando enfrentarse exitosamente a Hitler, lo que le daría una imagen de gran líder de la que se aprovechó para empezar a endiosarse y a poner una política represiva en contra de quien no estuviese de acuerdo con su gobierno.

Se dice que Stalin ayudó a transformar a Rusia de un país agrícola a uno industrial produciendo una caída en la producción en la que cerca de ocho millones de ucranianos murieron de hambre, por la falta de apoyo al campo y la guerra de Stalin contra los campesinos. Y mientras tanto se erigían miles de estatuas a su favor en todo el país, obligando a la gente a adorarle como un dios.

Una muerte extraña

Para 1950 Stalin se había convertido en el hombre más odiado y temido de Rusia. Nadie se oponía a sus designios, menos aún cuando Beria, un consagrado violador y asesino, era quien mataba sin piedad a quien Stalin señalara.

El 28 de febrero de 1953 el dictador invitó a Beria, Nikita Jrushchov, Nikolái Bulganin y Georgi Malenkov a su residencia para beber y ver una película. Aproximadamente a las 4 de la mañana partieron dejando a Stalin en aparente buena salud.

Al día siguiente, 1 de marzo, no había pedido el desayuno, ni almuerzo, pero era tal el terror que Stalin producía en la servidumbre que nadie se atrevía a golpear su puerta por miedo a interrumpir su descanso. No fué sino hasta las 10 pm cuando llegó un paquete para él proveniente de Moscú. Uno de sus asistentes se atrevió a entrar en el cuarto encontrando a Stalin de bruces sobre el suelo.

Aunque en principio lo creyeron muerto, la realidad es que había tenido un derrame cerebral que lo postró en cama durante varios días, alargando su agonía. El 5 de marzo una súbita recuperación le permitió mover su brazo izquierdo. Stalin lo levantó señalando al aire y dando una mirada horrible y amenazante a todos los que estaban en la habitación, incluida su hija Svetlana. Luego tuvo un nuevo ataque, quedando en coma. Un paro cardio-respiratorio acabó con su vida, tras lo que la nación entera respiró tranquila.
Una muerte llena de incógnitas y llena de agonía.

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