Jacques de Molay: el Templario que fue traicionado por su rey

Jacques de Molay Templario

Nacido en una familia noble de Francia, entre los años 1240-1244, Jacques de Molay quiso unirse a los Templarios, como buen noble y cristiano de la época. En 1265 consiguió su propósito y entró en la ciudad de Beaune (Francia) para ingresar en la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (más tarde llamados Caballeros del Templo de Salomón), conocidos comúnmente como Caballeros Templarios, y renunciando a todos sus títulos y riquezas.

Tras la muerte del Gran Maestre Thibaud Gaudin, Monlay pudo acoger el título de éste y convertirse en Gran Maestre en el año 1293.

Aunque su edad ya era avanzada para la época, Jacques de Molay era un hombre de liderazgo sin igual, devoto y obsesionado con acabar con los infieles y recuperar la Tierra Santa al cristianismo, y ponerla a pies del Papa. Ese mismo año empezó a organizar múltiples ataques contra los musulmanes. En 1298, pocos años después de llegar a su mandato, consiguió ocupar Jerusalén, derrotando al Sultán de Egipto Malej Nacer, en 1299, cerca de la ciudad de Emesa (Actual Siria). En 1300 organizó una incursión contra Alejandría y estuvo a punto de recuperar la ciudad de Tartus, en la costa de Siria, pero fue derrotado.

Pero lo peor para Molay y sus Templarios no estaba en las batallas contra los musulmanes, sino en su propio país, Francia.

Al regresar a Francia, el país estaba inmerso en la ruina absoluta. Además, el propio rey Felipe IV había pedido varios préstamos a la Orden del Temple, los cuales no podía devolver. Su gran “Fe a Cristo” y la desesperación por conseguir bienes para saldar ciertas deudas y que el pueblo no se le echara encima, le motivó a verter mentiras sobre los Templarios, y lo poco cristianos que eran. Junto con Guillaume de Nogaret, un personaje sin escrúpulos, y el confesor real Guillem Imbert, urdieron un plan para destruir a la Orden y quedarse con sus bienes. Un plan un poco cruel, pero el cual le libraría de pagar las deudas y además conseguir propiedades y bienes del propio Temple.

En 1307, el Papa Clemente V, Beltrán de Goth y el rey de Francia Felipe IV, ordenaron la detención de Jacques de Molay, y la de los demás caballeros, bajo la acusación de sacrilegio contra la Santa Cruz, simonía, herejía e idolatría hacia Lucifer.

De repente, los guerreros de Cristo se convirtieron en los devotos del mismo diablo. Jacques de Molay declaró y reconoció esas acusaciones, eso si, bajo tortura, y ya sabemos las crueles torturas que se realizaban en aquella época.

Hoguera Jacques de Molay templarios

Aunque con posterioridad se retractó, esto no le salvó, solo le llevó a un cautiverio más largo. Y unos años más tarde, en 1314, fue quemado vivo en la hoguera frente a la Catedral de Notre Dame, donde nuevamente volvió a retractarse, esta vez frente a el populacho que aclamaba su muerte. Molay proclamó la inocencia de la Orden y, según la leyenda, maldiciendo a los culpables de la conspiración:

“Dios sabe quién se equivoca y quien ha pecado. La desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que en verdad todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada. ¡Os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!… A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año…”

No sabemos si Dios tuvo la culpa, o todo fue una casualidad, pero lo que si se supo es que Clemente V falleció el 20 de abril de 1314, luego siguió el fallecimiento de Felipe IV (que según Maurice Druon murió a causa de un accidente durante una partida de caza el 29 de noviembre de 1314) y finalmente murió Guillermo de Nogaret, quien fue envenenado ese mismo año.

Unos caballeros cristianos que nunca hubieran pensado que los traidores no eran musulmanes, sino cristianos y “devotos de Dios”.

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