La vida de esclavo en el Imperio Romano

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En la Antigua Roma todo era luz y gloria, y todo gracias a los romanos y sus emperadores. Pero verdaderamente las columnas y cimientos que sujetaron al imperio y lo alzaron por encima de todo fueron los antiguos esclavos romanos.

Capturados en la guerra o directamente secuestrados en las conquistas, estos eran llevados a los mercados de esclavos, exhibidos, desnudos, maltratados y vendidos para su futuro dueño. Este era el “gran” recibimiento a su llegada.

Los que tenían suerte, por llamarlo de alguna manera, eran comprados por algún patricio rico, el cual solía proporcionarles una vida relativamente cómoda. Pero si caías en manos menos delicadas, esa venta podía ser el propio fin del esclavo, ya que al ser de su propiedad el dueño podía matarte por gusto, violarte o hacer lo que le viniera en gana.

Además de todo lo anteriormente dicho, éstos debían de acatar ciertas normas. Las más comunes eran: no quejarse, no discutir, y nunca matar al amo, ya que si esto último sucedía, no habría castigo, sino muerte a el y a todos los demás esclavos que estuvieran en la propiedad de dicho romano.

Los esclavos romanos más valorados eran los niños, los cuales solían ser utilizados para servicio doméstico. Las mujeres solían desempeñar los trabajos de peluqueras, modistas, cocineras o sirvientas para mujeres ricas, a parte de poder ser compradas por prostíbulos y servir allí. Otros podían ser utilizados para pequeños talleres, haciendo artículos de cuero, plata u otros menesteres.

Como en la actualidad también había trabajos públicos, solo que aquí los realizaban en parte los esclavos. Este trabajo consistía en construir carreteras, otros edificios y reparar los acueductos que abastecían de agua dulce a Roma, e incluso algunos llegaban a servir de recaudadores de impuestos para la ciudad.

Pero los que más sufrían eran los menos valorados. Solían ser los más vulnerables y más débiles. A éstos los solían destinar a trabajar en las minas o granjas, y sus vidas no solían extenderse demasiado.

Es verdad que muchos intentaron escapar, pero muy pocos lo conseguían. El no saber latín y la poca ayuda que conseguían al huir, hacían de esta hazaña algo imposible.

Algunos es verdad que consiguieron verdaderos triunfos contra el imperio, como el ejemplo de Espartaco, el cual consiguió reunir un ejército y plantar cara a la intocable Roma. Otros pudieron comprar su libertad ganando dinero en las carreras de aurigas, o en la arena del Coliseo, donde luchaban a muerte, o morían por las heridas causadas en el combate.

Unos olvidados que a base de palos y humillaciones consiguieron alzar las ciudades del Imperio Romano.

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