Los extravagantes banquetes de los romanos

“Los romanos: un banquete con una actuación de gladiadores”.
Xilografía, coloreada, después del dibujo,
por Heinrich Leutemann (1824-1905).
No. XVII de la serie: Bilder aus dem Alterthume, Munich (Braun y Schneider),
Münchener Bilderbogen No. 491.
Berlín, Sammlung Archiv für Kunst und Geschichte.

En la alta sociedad de la Antigua Roma, los banquetes eran una excusa para poder reflejar la riqueza que cada familia poseía.

En estos banquetes especiales, los comensales debían de lavarse las manos, ya que comian con ellas. El “menú” de estas cenas podía constar de aperitivos como frutas, pescados y ostras. El primer plato solía ser algo más fuerte, como alguna carne tipo pollo o cabrito, y por si eso fuese poco se podía acompañar con un poco más de marisco y postres al final de la cena.

Toda esta comida era traída de todos los lugares del Imperio. Tales eran los derroches, que los conejos podían ser traídos de Hispania, las ostras de Ática y los pavos de la India.

Todo esto claro está, acompañado de litros y litros de vino caliente, mezclado con agua y especias para disimular el agrio sabor del mismo. Esto era debido a que el vino puro sólo podía ser utilizado para ceremonias religiosas.

También podían estar acompañadas de música, baile, y en algunas ocasiones podía existir la posibilidad de contemplar una exhibición de gladiadores.

La disposición de estas cenas era de una mesa en el centro rodeada de una especie de divanes para poder comer tumbados. En las mesas se colocaban unos recipientes para que los comensales una vez estuvieran totalmente colapsados de comer, pudieran provocarse el vómito y poder echarlo en estos recipientes, para así poder comer más y que todos supieran que allí nunca faltaba comida.

Un sinsentido. Comer para vomitar y seguir comiendo, simplemente para poder aparentar dentro de la alta sociedad.

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