María Antonieta: la excéntrica vida de una reina guillotinada

María Antonieta

En la Francia del siglo XVIII el pueblo francés yacía ante la hambruna absoluta. Los reyes franceses, Luis XVI y su esposa María Antonieta, llevaban una vida de excesos sin igual. En especial la reina consorte, que gastaba en moda, fiestas y joyas, ante la ignorancia de lo que sucedía más allá de palacio. No todos esos excesos eran de la reina.

Desde que María Antonieta llegó a París, la desconfianza de la nobleza sobre ella fue evidente. María contactaba demasiadas veces con su familia, la casa Real de los Hasburgo. Esto dio lugar a sospechas sobre que María podría contar secretos de Estado a su familia. Mentiras infundadas que ayudaron a la nobleza a crear una imagen y un odio equivocado hacia la reina.

Un ejemplo muy práctico de estas mentiras era la acusación de que a María Antonieta le encantaban los zapatos y la moda, y debido a eso gastaba y gastaba. Pero esto no es exactamente así. María conoció el exceso cuando llegó a Versalles, es más, a veces la criticaban por ir vestida demasiado sencilla. Por el contrario, el hermano del rey cada vez que ensuciaba sus zapatos mandaba comprar otros. Eso era muy a menudo, ya que Versalles era muy lujoso, pero muy sucio. Excrementos y animales danzaban por los jardines de palacio.

Es verdad que María Antonieta no era una pobrecita indefensa. Ella misma aderezaba sus pelucas con harina, malgastando algo que ni el pueblo tenia para poder hacer pan.

Pero también es verdad que se le atribuyeron actos que no cometió. Por ejemplo, el asunto de un collar que supuestamente mandó realizar para ella, un collar de diamantes por valor de más de un millón de francos. Pero ella no lo encargó. Fue una conspiración del Cardenal Rohan, un aristócrata, que junto a parte de la nobleza, hizo esto para poder acusar a María Antonieta. De esta manera el pueblo podía odiar a la reina, pero no al rey, por la falta de moralidad ante el pueblo.

Aldea María Antonieta versalles

En otra ocasión próxima a la revolución francesa, la reina echaba de menos su tierra, y harta del palacio de Versalles pidió al rey que le construyera una especie de “pueblo”, con granja incluida. Una construcción basada en el paisaje de su tierra natal. Tal hecho fue aceptado por el rey, el cual la complació, como hacia habitualmente.

El gasto de tal “pueblo” costó la friolera de 150.000 francos, una cantidad desmesurada para una casa real y un país que agonizaba con las deudas y la desnutrición del pueblo. Las obras empezaron en 1774 y terminaron en 1782. Estos paisajes de estilo suizo recordaban a María Antonieta el ambiente alpino de su infancia.

Cuando Luis XVI y María Antonieta llegaron al trono, Francia ya estaba en la ruina absoluta, pero esta muchacha sirvió como parte de la excusa para los interesados en la revolución. A pesar de todo, ella y el resto de la familia real habían contribuido a seguir exprimiendo las arcas del Estado.

Todo esto hizo que el pueblo se levantara, harto de pasar hambre. En la huida que protagonizó el rey junto a su esposa, ambos fueron atrapados y guillotinados.

María Antonieta fue una joven casada con 15 años, en un mundo de realidad artificial. A sus 37 años murió en la guillotina. Sus últimas palabras frente al verdugo fueron: “Os pido que me excuséis señor. No lo he hecho a propósito”.

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