Ni Google, ni Yahoo!, sino la biblioteca de Alejandría

Recreación de la biblioteca de Alejandría

Fue a comienzos del siglo III a.C. cuando los habitantes de Alejandría pudieron usar este “gran buscador” (aunque no tan rápido como en la actualidad, claro). La gran biblioteca de Alejandría abría sus puertas gracias a uno de los mejores amigos de Alejandro Magno, Ptolomeo I Sóter. Con la función de ser el mayor archivo de conocimiento de la historia, tardó dos siglos en llegar a recopilar 700.000 ejemplares.

Imaginarnos que alguien hoy en día intentara destruir la información que manejamos día a día sería impensable, pero en aquella época los intereses de la guerra y sus ataques hicieron que se empezaron a perder los documentos que tanto los costaba conseguir.

Porque imaginemos: recopilar tantos datos era una tarea muy complicada que se tuvo que llevar a cabo pidiendo favores a otros mandatarios de otros países para que colaboraran, a través del comercio (incluyendo, por supuesto, el marítimo), y con donaciones como la que hizo Marco Antonio llevando libros procedente de la biblioteca de Pérgamo, el otro gran edificio de la sabiduría de la época.

El ingenio de los ptolomeos hizo que se llevara a cabo un sistema de gestión de la documentación brillante. A parte de clasificar los ejemplares por idiomas, crearon listados y catálogos en rollos con los títulos de las obras, que almacenaban en estanterías en orden. Para la época, buscar sobre el tema que más te interesaba era quizás un poco lento, pero conseguías tu objetivo.

Las diferencias y enemistades entre las religiones, las políticas, y sumado a algún que otro desastre natural, hicieron que perdiéramos este gran tesoro de la cultura antigua.

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