Virginia Woolf: un suicidio “literario”

Virginia Woolf

Virginia Woolf nació en Londres, en 1882. Criada en el seno de una familia acomodada donde la literatura y la cultura eran habituales, tuvo un interés temprano por la escritura.

Junto con su hermana Vanessa y algunos de los compañeros de universidad de su hermano Thoby, formó el conocido grupo de “Bloomsbury”. Este conjunto estaba formado por intelectuales y literatos, los cuales jugaron un papel muy activo en la renovación de las letras inglesas de comienzos del siglo XX.

En 1915 publicó su primera novela, “Viaje de ida”, y años más tarde se consagraría con títulos como “La señora Dalloway” u “Orlando”.

Pero su vida no solo estaba plagada de triunfos profesionales. Su salud mental cada vez estaba más afectada. Continuas depresiones, y lo que ahora llamamos trastorno bipolar, azotaron su mente durante décadas, sumiéndola en la total oscuridad.

Corriendo ya la Segunda Guerra Mundial, en 1941, su vivienda de Londres fue destruida debido a los bombardeos nazis que azotaban parte de Reino Unido. Este acto la sumergió en un camino sin salida, junto a la decisión de su marido de alistarse en la Guardia Nacional, al que amaba con locura.

Obsesionada con la muerte e inmersa en su enfermedad escribió esta carta al amor de su vida, antes de suicidarse el 28 de marzo de 1941 sumergiéndose en el río Ouse con los bolsillos de su abrigo llenos de piedras, donde se ahogó y falleció.

Esta fue su despedida:

Querido,
Estoy segura de que me estoy volviendo loca de nuevo. Siento que no podemos pasar por otro de esos terribles momentos. Y no me recuperaré esta vez. Empiezo a escuchar voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que parece ser lo mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los sentidos todo lo que cualquiera podría ser. No creo que dos personas podrían haber sido más felices hasta que llegó esta terrible enfermedad. No puedo pelear más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y lo sabré. Ya ves que ni siquiera puedo escribir esto correctamente. No puedo leer lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido completamente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decir eso, todos lo saben. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. Todo se ha ido de mí, excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida por más tiempo.
No creo que dos personas pudieran haber sido más felices que nosotros.

Carta de despedida de Virginia Woolf.

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